NEURORREHABILITACIÓN EN FASES INICIALES DE LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE

Tradicionalmente se ha asignado a la fisioterapia y otras disciplinas de neurorrehabilitación (terapia ocupacional, neuropsicología, logopedia, etc) el rol de mantenimiento en esclerosis múltiple (EM) y no como técnica de tratamiento para disminuir o eliminar síntomas, incluso de manera permanente, que plantea la enfermedad.

Este rol fundamentalmente se debía a que, hace años, el tiempo de diagnóstico y abordaje de la enfermedad eran muy prolongados, lo que incidía directamente en la acumulación de discapacidad por la persona afectada.  En muchos casos, se espera también a que la persona tenga una secuela invalidante de la enfermedad para recomendar o acudir a un tratamiento rehabilitador, por lo que  las personas que llegaban y que aún en la actualidad se siguen tratando en las unidades de rehabilitación especializada en enfermedades neurológicas, están ya en fases muy avanzadas.

Actualmente se ha conseguido disminuir considerablemente estos tiempos, el diagnóstico precoz y los mecanismos de abordaje de la enfermedad han permitido que se diagnostique y trate la EM desde las primeras manifestaciones.

Gracias a estos avances conseguidos, algunos de los síntomas que se manifiestan en los primeros brotes en la modalidad  remitente-recurrente o las primeras manifestaciones en la progresiva primaria pueden disminuirse o eliminarse totalmente, y favorecer procesos de neurorregeneración para recuperar funciones dañadas.

Un brote consiste, por ejemplo, en la inflamación de uno o varios nervios con una función determinada y como consecuencia la alteración de esta función. Cuando un nervio se afecta varias veces, la regeneración ya no se produce con tejido nervioso sino con tejido cicatricial haciendo crónica la alteración de la función afectada.

En fases iniciales, cuando la inflamación desaparece, se produce una recuperación completa en muchos casos, sobre todo en los primeros brotes, o casi completa dejando alguna secuela en otros pero, aun en el caso de la primera opción, es necesaria la rehabilitación.

Actualmente la fisioterapia, cuenta con estrategias de tratamiento cuya función es mejorar el funcionamiento interno del nervio, de manera que si un brote vuelve a afectar a ese nervio, este se encontrará en un estado normal, retrasando la aparición de secuelas que puedan hacerse permanentes. Por otra parte, durante el tiempo que el brote está activo, se producen alteraciones denominadas compensaciones (estrategias de movimiento que suplen las normales cuando estas están alteradas) que permanecen una vez que el brote ha remitido y que deben ser tratadas ya que son invalidantes y con tratamiento pueden desaparecer totalmente.

Cuando un brote está remitiendo, la inflamación disminuye y se activan en el sistema nervioso central mecanismos de neuroplasticidad, es decir, el cerebro crea nuevos circuitos neuronales con la misma función que el circuito dañado y de esta manera mantiene las funciones a las que afectó el brote. A medida que se suceden los brotes esta función cerebral de neuroplasticidad disminuye su efectividad, siendo necesarias estrategias de neurorrehabilitación que la mantengan activa.

Por lo tanto, desde el momento en que la EM empieza a manifestarse, las distintas disciplinas de neurorehabilitación, tienen estrategias para eliminar algunos síntomas, minimizar los que se hagan permanentes y favorecer la neuroregeneración evitando y retrasando los daños permanentes en el sistema nervioso central.

Joan Santacreu, fisioterapeuta de ADEM Madrid

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